Me veo sentada sin más que mis ojos
perdidos en la búsqueda de lo que aman,
sin nada en sus pupilas, vacías,
amargas, de años de espera;
ya no pueden leer las cartas invisibles
esas que imaginaba, llenas de amor,
de besos, de bellos recuerdos
y sueños incompletos...
Me veo sentada con las piernas arqueadas
presa de reumas, artrosis y desganas;
no caminaron más después de tu partida,
después de recorrer tus huellas en la arena...,
hasta que descubrieron que pisaban las mías...
Acaso hice mal esperando tu vuelta?
Acaso el verbo amar ya no tiene respuesta?
Debí quererme yo y cerrarte la puerta;
hubiera conseguido amar mi soledad
en vez de envejecer a solas con tus huellas.

Odina