Voy a suicidar mi existencia.
Después le haré un gran funeral,
de esos con procesión de almas
enfundadas en negro,
con velos y lágrimas,
con flores de muerto.
De luto riguroso recogeré las cenizas
y entre cantos gregorianos
las enterraré en el monte.
Esparciré el polen de las flores
por el campo mientras rezo
a la madre, para que lo reciba
y en primavera me regale sus dones.
Entonces renaceré y desnuda,
virgen, pura, le devolveré
con creces mi valor, mi fortaleza,
mi amor... Sin pudores.

Odina.