Esta mañana me he levantado con ganas. Enormes. Muchas. Ganas de dar
patadas, puñetazos..., de gritar!; pero no un grito de cría histérica o
de mari "enojada", nooooooo! Ganas de gritar un grito largo y seco, de
esos que cuando lo cortas es por que ya no hay razón para seguir
gritando. Y entonces te ries de tí, del despotrique, pero sobre todo
relajada, suelta, distendida... Y me he puesto a ello con entusiasmo
(de otro modo no se pueden emprender ciertas cuestiones), empezando con
el gel en la ducha. Estoy hasta la moña de decir "por favor cerrar el
tapón!" Vaaaale, de acuerdo, yo lo cierro y que se entere todo el
mundo: un tortazo y ZAS! Se cae dentro de la bañera, chorrea un poco
antes de que lo coja y cuando voy a ponerlo en su sitio, doy un paso
y... Resbalón que te matas!!! Me duelo, acuerdo de tós y tó y me
levanto con la seguridad previa (tengo los dedos blancos) de no volver
a resbalar. La siguiente prueba de desahogo matutino sigue con el
secado tras la ducha. Estoy hasta la moña de decir "por favor echar a
lavar las toallas sucias!" (el suelo no las lleva al cesto), que "por
favor cuelguen las toallas húmedas"... En fin, que helaíta de frío y
con los poros de cuello vuelto, mis ojos hacen un barrido al cuarto de
baño, y ni una toalla!!! Soy consciente, y pido disculpas desde aquí a
todos los afectados, de que en la Plaza y la Iglesia dos ancianitas se
han sobresaltado, un niño ha tenido un berrinche y a su madre han
tenido que darle un calmante. Bien, puedo controlarme, respiro hondo y
organizo mi cerebro hacia un objetivo: desayunar. Todo está bien, ya
casi huelo el café... Abro el armario y no hay cafeína, nonono...
Vuelvo a mirar, sólo veo etiquetas rojas... Jajajajajaajajajaja me doy
miedo, pero no puedo parar... La deseperación me invita a tomar
soluciones drásticas: vestirme y salir a tomar un café en
condiciones... Antes le pego dos patadas a la impotencia y un puñetazo
a la rabia. Ya estoy lista!!! Vuelvo a tener las ganasssssssssss sueltas y libresssss.